Ir al contenido principal

Entradas Anahi Santana


Lo que vibras lo atraes

Persistes

Personas

Carta a mi yo del pasado

En el mismo lugar

Una década de tu ausencia

Un desusado diciembre

Ella

Esperanza

Chechenia: donde el amor significa muerte

Las maestras: guías espirituales de la vida

Convergencia predestinada

Entre el cielo y el mar

Cuando se acaba

Comentarios

Popular Posts

¡Colabora con nosotros!

Adiáfora es un espacio comprometido con el ejercicio de la lectura y la producción literaria, por ello, convocamos a nuestros lectores para que, si así lo desean, envíen sus textos y hagan de esta una comunidad más plural y participativa. Para colaborar con nosotros: 1.- Envía tu documento en archivo .doc a la dirección de correo electrónico es.adiafora@gmail.com El correo deberá contener tu nombre o pseudónimo y una breve semblanza (el segundo elemento es opcional).  2.- Si tu texto contiene imágenes que no son tuyas, tendrán que aparecer con sus respectivos créditos. Si las imágenes te pertenecen, notifícalo en el correo. 3.- Si el documento contiene citas que no son tuyas, utiliza el formato APA, Chicago o Harvard. En caso de que el equipo de Adiáfora encuentre ideas plagiadas, el texto será descartado automáticamente. Especificaciones: Los autores en ningún momento perderán los derechos de las obras que envíen. Una vez enviado el archivo, se devolverá una confirmación de reci...

El año olvidado. (Primera parte)

Tlacuache Urbano Corría la tarde por las calles desoladas de la ciudad. El naranja del cielo reflejado por los adoquines del piso anunciaba el fin de la jornada. En el viento frío danzaban las hojas secas que habían renunciado a la inmovilidad de la rama, para descubrir el mundo por su propia cuenta, siguiendo patrones circulares. El silencio a veces era interrumpido por el sonido del aire y el arrastre continuo de las hojas.   La biblioteca estaba por cerrar. Desde que en el año 2068 se había publicado el último tiraje de libros impresos en papel, el número de bibliotecas existentes en todo el mundo había disminuido. Las restantes eran vestigios de las prácticas investigativas de antaño. Si bien todos los libros habían sido digitalizados, Enzo había heredado la bibliofilia de su abuela, una coleccionista empedernida de libros clásicos. Cuando era un niño, pasaba las noches hojeando cautelosamente las obras de los griegos. Difícilmente las entendía, pero el enigma que encerraban pa...