El dolor de terminar con alguien y despertar al día siguiente es terrible. Despiertas y sabes que a partir de ese día ya nada será lo mismo, sientes un vacío en tu interior por el hecho de romper con los hábitos que antes tenías con esa persona. Ya no habrá más mensajes dando los “buenos días” o recibiéndolos, ni más notas de audio largas, ya no habrá más llamadas en la madrugada, ni etiquetas en posts en redes sociales.
Lees
las conversaciones una y otra vez, en especial la última que tuvieron antes de
que todo llegara a su fin, y te das cuenta de que en efecto: todo terminó. Se
te hace increíble cómo las cosas pueden cambiar de un día a otro, y te
sorprendes de lo efímero que es todo; te cuestionas qué es lo que vas a hacer
con todo lo que sientes por esa persona, piensas que tal vez transformarlo en
arte no es una mala idea.
Al
final te das cuenta de que la única persona que va a estar contigo eres tú y
que la mejor decisión que pudiste tomar fue alejarte porque sabes bien que tu
prioridad debes ser tú siempre antes de cualquier persona.
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