Tlacuache Urbano Corría la tarde por las calles desoladas de la ciudad. El naranja del cielo reflejado por los adoquines del piso anunciaba el fin de la jornada. En el viento frío danzaban las hojas secas que habían renunciado a la inmovilidad de la rama, para descubrir el mundo por su propia cuenta, siguiendo patrones circulares. El silencio a veces era interrumpido por el sonido del aire y el arrastre continuo de las hojas. La biblioteca estaba por cerrar. Desde que en el año 2068 se había publicado el último tiraje de libros impresos en papel, el número de bibliotecas existentes en todo el mundo había disminuido. Las restantes eran vestigios de las prácticas investigativas de antaño. Si bien todos los libros habían sido digitalizados, Enzo había heredado la bibliofilia de su abuela, una coleccionista empedernida de libros clásicos. Cuando era un niño, pasaba las noches hojeando cautelosamente las obras de los griegos. Difícilmente las entendía, pero el enigma que encerraban pa...