En la punta de la montaña te vistes, el manto azul que dejas caer sobre tu piel anuncia la belleza única que embiste. En tu rostro no hay gesto de hiel, pues te sabes bella desde los pies hasta la cabeza. Con tus dedos eliminas las dudas y dibujas caricias frescas, que remarcan las albricias; en suma, tu naturaleza. En ti puedo hallar la presencia de la luna, del venado y de la garza; la ausencia de la hiena, del búho y de Atenea [la diosa. En ti está impresa la presencia [humana.