A lo largo de mi vida he tenido distintos profesores,
sin embargo, ninguno me marcó tanto como las maestras. Desde la primaria tuve
una que fue mi favorita, apenas tenía 6 años y esa señora fue un ángel conmigo
completamente, que, el día que me enteré de su fallecimiento, me fue inevitable
llorar sin importar que hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que la vi.
En la secundaria me encontré con otra, una maestra de Artes
Visuales, quien siempre confió en mí y a la vez me hizo creer en mí misma, dándome
una buena razón para seguir con mi vida, debido a que, en ese entonces, tenía
graves problemas de autoestima, y por desgracia, pasaba por mi mente ponerle
fin a todo.
En la universidad volvió a suceder lo mismo, desde un
inicio no me sentía cómoda en la carrera, el ambiente que abundaba era muy
tóxico, y semestres más tarde, el darme cuenta de que me había equivocado al
elegirla, se juntó con mi última ruptura amorosa, provocando que cayera en una
tristeza inmensa, que comenzara a bajar mis calificaciones, reprobara, y que
tuviera muchas ganas de desertar de la universidad. Pero ya no podía hacerlo, me
encontraba casi a la mitad de acabarla, y mamá para nada apoyaba la idea de dejarla. ¡Es ahí dónde apareció otro ángel!, una profesora que me ayudó en
aquellos tiempos donde todo estaba saliendo mal, ella fue una luz en toda la
oscuridad por la que estaba pasando; gracias a su pasión y amor por dar clases,
empecé a agarrarle gusto a mi carrera, lo que provocó que se me hiciera más fácil
el proceso de cursarla.
Semestres después, otro ángel apareció en mi camino,
una maestra que, con su creatividad, grandes ganas de enseñar, sus palabras y
su motivación, hicieron más amena mi estancia en la universidad, y a la vez, me
hizo creer que aún existen muchos seres con gran sabiduría y empatía hacia sus
alumnos y alumnas.
Pero, ¿por qué te he hablado de ellas? ¿a dónde voy
con todo esto? Mi propósito aquí es hacerte reflexionar y reconocer a estas
personas que dan todo de sí mismas con sus alumnxs. Asimismo, como lo dice el
título, ellas no son sólo maestras en el ámbito académico, sino que, también
son gurús de vida, estoy segura de que al menos has tenido una de ellas en toda
tu trayectoria escolar, por lo que, sabes perfectamente a lo que me refiero.
Sus enseñanzas han marcado un antes y un después en
nuestras vidas, que trascienden lo académico, y nosotrxs, como alumnxs, nos
volvemos discípulxs de su sabiduría, lo que provoca que nos ayuden en nuestro
camino espiritual, y que, por lo tanto, hagan que la vida sea más sencilla.
Son como un rayito de sol: tranquilo y cálido, un
rayito mandado por el universo para cumplir su misión espiritual y a su vez, ayudarnos
con el nuestro. Honremos y agradezcamos su existencia, no sólo los 15 de mayo
de cada año, sino, siempre, en cada uno de sus saberes.
¡Gracias por darlo todo por sus alumnxs!, sus
enseñanzas quedan marcadas en lo profundo de nuestros corazones.
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