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Chechenia: donde el amor significa muerte



En una parte de Rusia, llamada Chechenia, se encuentra un lugar caracterizado por su conservadurismo y homofobia. Dentro de esa republica rusa, miles de personas homosexuales han sido violentadas o asesinadas de manera injusta. Es en esta región en donde nació Tasya, una chica tímida a causa del entorno en que se desarrolló, pero a la vez, optimista por las ganas de querer cambiar su realidad social. 

Un día viajó a Moscú, con el objetivo de visitar algunos museos de esta ciudad, sin embargo, ella jamás se imaginó qué era lo que iba a ocurrirle ese día: el destino es impredecible. Al encontrarse en el museo del Kremlin de Moscú, uno de los más famosos de Rusia, en donde miles de extranjeras y extranjeros acuden a apreciar las historias que se esconden en su interior, encontró a una chica que llamó su atención. Tasya no entendía por qué sentía mucha atracción hacia ella, quizá fue un llamado de su alma a vivir ese encuentro y disfrutar esa nueva experiencia.

Con timidez y mucha precaución se acercó a ella. No sabía cómo iniciar la conversación, pero por fortuna hablaba también inglés y francés, así que procedió a saludarla, pero para que ese acto no resultara algo incómodo, le hizo un comentario acerca del museo.

—Es muy bonito ¿cierto?, creo que, hasta el momento, es uno de mis favoritos de Moscú, ¿a ti qué te ha parecido? 

Con sorpresa, pero intrigada ante aquella chica linda de ojos azules que le acababa de hablar, la mujer respondió con nerviosismo.

—Sí, creo que es muy bello. Me ha gustado mucho, ¿eres de esta ciudad?

—No, soy de Chechenia, una república rusa que se encuentra algo distante de Moscú, y por lo visto… tú tampoco eres de aquí, ¿de dónde vienes?

Con una sonrisa en su rostro ella respondió:
"Me has descubierto. No, no soy de aquí, vengo de Francia a visitar Moscú unos días"

—¡Oh, eso es genial!, pero a todo esto… ¿cómo te llamas?

—Me llamo Gisèle, un placer conocerte, ¿quieres que salgamos de aquí? —respondió estrechando su mano. 

—Me parece una buena idea, vamos a fuera a observar la puesta de sol.

Estuvieron horas conociéndose mientras contemplaban aquél atardecer primaveral. Tasya estaba encantada con Gisèle, jamás había conocido a alguien que le fascinara de esa manera, ¿acaso era posible?. Ella sabia que eso estaba mal, querer a una mujer era algo intolerable en Chechenia, aquel lugar que la vio crecer y al que, a pesar de todo, le guardaba mucho cariño, puesto que, comprendía por qué la gente era de esa manera, la religión era un factor predominante.

Gisèle sentía la misma conexión con Tasya, ella era un poco más abierta respecto a su orientación sexual, dado que en su país la homofobia no se manifestaba como en Rusia; sin embargo, en todo momento fue precavida y trató de disimular su encanto por aquella chica tan agradable.

La luna llegó, y ellas, sin querer irse, comenzaron a despedirse.

—Fue una platica muy amena, he quedo encantada contigo. Espero volver a verte —confesó Tasya.

—Concuerdo con lo que acabas de decir, haberte conocido ha sido una de las cosas más bellas que me han sucedido en mi estancia en este país, ¿me puedes pasar tu número?

—Por supuesto, sólo hay que tener cuidado —susurró Tasya. 

Gisèle guardó el número de aquella mujer que le robó mil suspiros y se marchó del sitio. 

Tasya observó su partida con una gran sonrisa y un brillo en sus ojos por todo lo que le había hecho sentir; se cuestionaba si aquello que acababa de suceder era real, no podía creer que ese encuentro tan mágico le hiciera vibrar el corazón de esa manera. Y así, finalmente, Tasya se marchó a Chechenia. 

Estando en esa región chechena, resultaba más complicado que en otras regiones de Rusia, hablar con la mujer que le generaba mil suspiros; pero, eso no le impedía mandarle un mensaje a diario deseándole un buen día. 

Las cosas en Chechenia se empezaron a poner cada vez peor, se rumoraba la existencia de «campos de concentración para homosexuales». Tasya no podía creer el nivel de odio que se manifestaba en esa república, y por esa misma razón, siempre mantuvo su orientación sexual en secreto: ella sabía las terribles repercusiones que eso iba a traer consigo si se enteraban los demás. No contaba ni con el apoyo de su propia familia, ya que, si se enteraban, la desconocerían y serían capaz de mandarla a asesinar. La chica tímida de ojos azules, no se encontraba para nada segura ni en su propia casa, razón por la cual un día dejó de escribirle a Gisèle. 

Gisèle, al no recibir ningún un mensaje de Tasya, la chica que le robó el corazón en aquél museo y en la que se perdió su mirada mientras se conocían en ese atardecer maravilloso, comenzó a preocuparse, y decidió investigar a través de internet para ver si encontraba algo relacionado a Chechenia. Por desgracia, o por fortuna, encontró una noticia de Human Rights Watch, una organización internacional no gubernamental, en la cual informaba la existencia de lo que parecían ser «campos de concentración para homosexuales». Sorprendida por lo que acababa de descubrir, no dudó ni un segundo en emprender su camino a aquella región rusa, su corazón latía por y para aquella mujer de ojos azules, que a miles de kilómetros le pedía ayuda. 

Las cosas en casa de Tasya se empezaron a poner difíciles; ella sentía que tarde o temprano iban a descubrirla, y revisando su conversación con Gisèle, fue inevitable que las lágrimas surgieran. Ella le rogaba al universo salir de ese lugar y poder besar, al menos una vez, los labios de su amada.

—¿Qué tiene de malo querer a una mujer? ¡No le estoy haciendo daño a nadie! —exclamaba en lo profundo de su ser, con ganas de gritarlo al mundo entero. 

Finalmente, en medio del llanto, se quedó dormida con el celular en sus manos. Horas después, su padre entró a la habitación y con curiosidad tomó el artefacto y empezó a revisarlo. No podía creer lo que acababa de encontrar: ¡su hija era homosexual!, ¡y mantenía una relación con una chica! Noticia totalmente intolerable para él, su familia y la sociedad. No podía arriesgarse a tener una mala reputación en Chechenia, por lo que, la corrió de su casa, diciéndole que huyera muy lejos, dado que en unas horas la mandaría a matar. 

Con gran coraje y lágrimas en los ojos, Tasya se marchó. Ahora tenía que ser aún más precavida, dado que, la comenzarían a perseguir si no se apuraba, tanto la policía para enviarla a los «campos de concentración para homosexuales», como la gente que había contratado su padre para que se encargara de ella. 

Gisèle llegó a la república chechena, con esperanza de encontrar a Tasya lo más pronto posible y huir de ahí. Fue una búsqueda bastante exhaustiva, no hallaba señales de ella por ningún lado.

«¿Y si la capturaron? O peor aún… ¿y si la asesinaron?» pensaba con gran tristeza y coraje mientras seguía su camino. 

Tasya, por su parte, corría desesperada, a la vez que trataba de disimular que todo se encontraba bien ante los policías, pero a lo lejos observó a una chica que parecía que se encontraba perdida o que estaba en busca de algo. Con gran cuidado, se acercó a ella y notó de quién se trataba: ¡Era Gisèle! ¡Aquella chica por la que tanto le imploró al universo para volver a verla! No podía creerlo, ¿cómo es que pudo encontrarla?

—Sin duda, el universo siempre acomoda las cosas en el momento justo —pensó con emoción. 

Gisèle sintió gran satisfacción al observar a Tasya y ver que se encontraba bien.

—Pensé que te había sucedido algo. No pude controlar el sentimiento que tuve al no saber absolutamente nada de ti. Mi intuición me dijo que tenía que venir a buscarte; me importas muchísimo, Tasya, y daría mi vida por ti, por eso estoy aquí.

—Gracias por venir aquí, no sabes el gran alivio que sentí al verte. También me importas, y perdón por dejar de responderte de la nada, las cosas se pusieron muy difíciles… Me acaban de correr de mi casa y mi padre me dio unas horas para escapar, pero te juro que siento que me han estado persiguiendo desde que salí de mi hogar, tenemos que huir de aquí ya. 

Al escuchar esas palabras, Gisèle sintió una tristeza y coraje profundo, no podía creer que el propio padre de Tasya la había amenazado de muerte. El odio hacia las personas de la comunidad LGBT+ en aquel lugar era algo increíble. 

Continuaron con su camino, y mientras lo hacían la luna comenzó a aparecer en escena. Decidieron hacer una pausa para descansar por unos minutos y agarrar fuerzas para seguir. 

Tasya volteó a ver a su alrededor, al parecer, se encontraban en la nada, así que aprovechó ese momento, y agarró la mano de Gisèle, la acarició con ternura, y sintiendo el calor de su piel… la besó por primera vez. Fue un beso profundo y lleno de mucho amor, ambas se olvidaron de su entorno por un momento, lo que importaba era sentir y disfrutar esa acción, eso que ambas querían hacer desde hace tiempo, pero que, por temor jamás lo hicieron.

—Te amo, Gisèle, gracias por venir por mí —contestó con nostalgia.

—No gradezcas, mi corazón es completamente tuyo. Haría cualquier cosa por ti, no tiene nada de malo nuestro sentir, no tenemos que sentirnos decepcionadas por ser como somos. Al final del día, es nuestra vida y tenemos que disfrutarla, así nos cueste la muerte. 

En ese instante se sintieron tan bien juntas, sentían que eran invencibles y que podían con toda aquella situación que se les llegara a presentar. Sin embargo, no todo siempre sale como uno quiere, y de los arbustos salieron unos hombres señalando con la pistola a ambas mujeres.

—Te venimos siguiendo desde que saliste de tu casa, creo que tu padre fue muy claro con las instrucciones que te dio, ¿no lo crees? Te dio horas para escaparte, mismas que has desperdiciado con esta chica al estar realizando actos totalmente intolerables y asquerosos, pero todo lo bueno llega a su final. —Se dirigió uno de ellos hacia Tasya.

—¡Ni se te ocurra hacerle daño! —respondió Gisèle gritando con desesperación.

—Ustedes saben muy bien que lo que acaban de hacer es algo completamente inaceptable, es una aberración y no puede ser perdonada. 

Gisèle y Tasya se agarraron sus con fuerza, sabían perfectamente que esa noche sería su última, y susurrando comenzaron a despedirse.

—Te amo, Gisèle, perdón por traerte a este lugar, el lugar en donde el amor solamente es válido entre parejas heterosexuales, en donde está mal ser homosexual y eso significa la muerte.

—Yo también te amo. No tienes por qué pedirme perdón, tú no tienes la culpa de nada, no nos tenemos que sentir culpables por ser así… Fue un gusto conocerte, Tasya, siempre estarás en mi corazón. 

Los hombres accionaron las armas y dispararon contra Gisèle y Tasya. El final de aquella historia había llegado, todo terminó. Con las manos entrelazadas, sus cuerpos quedaron tirados en aquella calle. Esa noche volvió a ganar la homofobia en Rusia, especialmente en Chechenia.

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