Me quedé esperando tu llamada; mientras el cielo se llenaba de nubes.
Una parte de mí sentía que llamarías; y el cielo se pintaba completamente de gris.
Esperé, esperé y esperé… Tu llamada nunca llegó, pero sí las
primeras gotas de lluvia.
Todas mis ilusiones murieron aquel día, aquella noche, aquel
domingo.
Así como las gotas descendían del cielo, también lo hacían
mis lágrimas, al imaginar que quizá en otra vida u otro planeta, tú sentías lo
mismo.
Creo que lo único que
no murió fue la esperanza.
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