Nota: Este poema es la segunda parte de Principio del adiós
(Principio del adiós)
II
Es fácil ocupar los templos que olvidaste en mi memoria,
los recorro en silencio y dejo notas breves:
Aquí pereció un amor solitario, que nunca visitaste.
El castillo de recuerdos lo abandonaste el primer día,
mis dedos te extrañan y lo comunican,
mis ojos te dibujan en las noches cuando la luna me habita
y mi voz aún no puede dejar atrás las letras
que tu nombre necesita.
Llenaste las nubes del recuerdo y estamos en temporadas
[de lluvias.
Sembraste tantas semillas que los frutos ya se dieron
y los disfruto en soledad, te aparté una canasta
para cuando la necesites. Hay te quiero maduros y
los te olvido aún están verdes. Esos no te puse.
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