-Hay un error. Todavía no existe prueba de que sea cierto.
-Definitivamente todo puede ser un error. La gente se equivoca, a veces hasta ignora que se equivoca.
-Pero tú te equivocas siempre. Aquí salimos afectados por las decisiones prematuras que se hacen.
-¿Qué dices? Todos votamos antes de tomar esas decisiones.
-Sin embargo, las únicas propuestas son las tuyas. Nadie nunca puede hablar con libertad...
-Él tiene razón.
-Mejor no te metas. Deja que lo arreglen entre ellos.
-¿Acaso tú estás conforme con el dichoso "trato de libertad" del que formamos parte? Yo estoy cansado de obedecer a un tirano. Más vale alzar la voz y desterrarlo.
-Así se habla.
-¿Quién más se suma? No dejemos que nuestra voz sea callada. Alcemos la mano y derroquemos la apropiación.
-¿Están seguros de querer armar una revolución? ¿Eso es lo que quieren? ¿Enfrentarse a mí?
-Tú eres uno, nosotros seis. Contando las abstenciones. Es claro que ganaremos.
En silencio tomó un vaso con agua en la mano izquierda. Con la derecha una píldora. La victoria estaba definida para un sólo lado.
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