Necesito
hablarte de algo que me está quemando, que me consume cada día y es… el hecho
de no parar de pensar en esa persona, de sentir demasiado; creo que
todo este sentir va acompañado de un miedo: el miedo de que no sea recíproco.
Siento
que me estoy volviendo loca, esa persona es como música sonando en mi cabeza,
por más que lo intenté, no sale de mi mente.
Y a la
vez que el miedo se incrementa yo me dejo llevar, como si fuera una corriente y
yo estuviera en medio del mar.
Tengo
miedo de que no sienta lo mismo por mí. Que yo cuando vea la luna
piense en ella y ella piense en el Sol o en otras estrellas.
La
llamo sin llamarla, con la esperanza de que pueda sentirme en donde quiera que
esté.
A
través de mis sueños trato de encontrarla, tal vez así pueda verla, aunque sea
por un instante. Quizás pueda ver sus ojos cafés tan preciosos y esa sonrisa hermosa
que tanto la caracteriza.
Es que… no entiendes, ¿verdad? No lo puedes comprender. Esa persona fue luz en medio de la oscuridad, fue un rayo del sol entre tantas nubes grises. Yo estaba perdida, sin rumbo, sentía que la vida no tenía sentido y ella me dio esperanza.
Los
días a su lado eran como estar en medio del arcoíris. Cuando me besó en la
mejilla sentí que estaba en las nubes ¡y eso que sólo fue en la mejilla!
¡imagínate si hubiera sido en la boca! Seguro me hubiera llevado a otros
planetas.
Los días, las noches… se pasaban rápido hablando con ella hasta tarde, pero un día se fue y nunca volvió.
Se fue a descubrir otros cielos y conoció otras estrellas. Quedó fascinada al primer brillo que observó y a mí me fue dejando atrás, tal vez me faltó brillar más.
Ella
regresó, pero no totalmente, no era la misma. Creo que su sentir había
cambiado al ver tantas estrellas, a una en particular que le hizo dudar de
todo, pero… ¿y a dónde quedé yo?, esa pregunta me tortura cada noche y cada
mañana al despertar. ¿Tan fácil fue reemplazarme?, ¿tan fácil fue reemplazarnos?, ¿tan efímero fue todo?
He
tratado de buscar su mirada, pero no la encuentro, está… perdida en esa
estrella.
Éramos,
sin importar lo que dijeran los demás, ella era la luna, yo el anochecer, pero
conoció a otra estrella.
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