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Viviendo con Ego



En 1949 Mental Health America declaró que mayo sería el Mes de la Salud Mental. Por esa razón esta vez quiero alejarme un poco de la prosa y la ficción, para compartir una experiencia más personal sobre uno de los procesos que más se me ha dificultado: amarme y vivir en armonía conmigo.Noviembre de 2019 fue un año crucial en mi vida. Recuerdo que en ese entonces proyectaba mis inconformidades hacia el otro –ya fueran personas, el medio ambiente, hechos, etc–. Estas inconformidades iban de las físicas (mi peso y una marca de nacimiento que tengo por el pectoral derecho, principalmente), a las emocionales, hasta las intelectuales. Sentía que ya no podía con todo lo que estaba cargando y en diciembre comencé a ir a terapia. Fue un proceso complicado, la negación intentaba ocultar la nocividad de sentimientos y pensamientos que en el fondo siempre habían existido: “no soy suficiente”, “exagero todo”, “no merezco ser feliz”.
Esto provocaba que mi conducta con las personas que quería fuera desconsiderada y grosera (por el tema de la proyección). También me atraía a relaciones dependientes y nocivas. Me hacía pensar que las personas estaban juzgándome en cada momento (porque yo siempre lo hacía) y me retraía. 
Tras mucho trabajo y después de caer una y otra vez en ese oscuro lugar al que la costumbre puede empujarte –algunas veces regreso ahí–, comencé a quererme tal y como era. Me di cuenta que solo a partir del amor propio podría construir relaciones sanas conmigo y con los demás. Me permitió valorarme, reconocerme y respetarme, a partir de ese momento todo fue mejorando. También comencé a hacer ejercicio y ahora mi marca no me mortifica.
Pero el proceso aún no termina. Aquello que al principio identificaba como “negatividad” ahora vive conmigo reconocido como Ego invertido. A diferencia del concepto tradicional que asociamos con la palabra, referido a la valoración excesiva de uno mismo, el Ego invertido siempre intenta hacerme creer que nada de lo que hago vale la pena, que no puedo mejorar ni salir adelante.
Puede adoptar muchas formas: una voz, una sombra, un pensamiento, una palabra… Es un enemigo silencioso que nunca se va completamente. Convivir con él diariamente implica un gran desgaste emocional que también se manifiesta de forma física. Me cansa y cuando descanso me hace sentir culpable.
No le importa lo que haga, nunca está satisfecho, siempre pide más o me inmoviliza. Algunas veces impide que disfrute hacer las cosas que me gusten y hace que pierda la motivación. Con el tiempo he descubierto que es un mecanismo de autoagresión, porque siento que en el fondo lo merezco. Pero sé que no es real, planté una pequeña semilla de amor en lo más profundo de mi ser y con el tiempo ha ido floreciendo, vivo más plenamente.
No escribo esto para victimizarme ni compadecerme. Esta es una lucha que me compete únicamente a mí –aunque las personas cercanas son un gran apoyo– y solo yo puedo entender lo complicado que ha sido mi proceso.Considero que es un gran paso hacia la aceptación y la superación. Al verbalizarlo y hacerlo consciente el proceso es mucho más sencillo. Después de más de un año de terapia he aprendido a identificarlo, y aunque no siempre lo puedo controlar aún, me ayuda.
Entre estas líneas vive un sentimiento de esperanza y autoperdón. Me perdono por todo el daño que me he causado durante todos estos años y confío que con el paso del tiempo construiré una relación más sana conmigo. Ir a terapia no significa que el cambio será inmediato, al contrario, puede requerir una gran cantidad de tiempo y energía, según sea el caso.
Me gustaría finalizar con algunas consideraciones finales:
El conformismo. El mundo es un lugar muy complicado en donde vivir, actualmente enfrentamos muchos problemas que no pueden ser ignorados. Pero si a todas esas dificultades le agregamos cargas personales, todo se hace más complicado. No digo que desaparecerán mágicamente cuando se trabaja en uno mismo, pero hace que la vida sea más fácil. Como sea, pienso que habrá alguna forma en la que podamos involucrarnos en problemas que escapan de nuestra agencia.
El privilegio. Reconozco que no todos tienen los recursos para recibir ayuda y por ello entiendo que puede ser complicado lograr un cambio. No pienso que sea una cuestión de actitud o de “echarle ganas”. Hay factores psicológicos y estructurales que también inciden.
La ayuda. Pedir ayuda no es un reflejo de debilidad, sino de valentía y sabiduría. No estamos solos en este mundo y hay personas que siempre estarán dispuestas a contribuir de alguna forma. No rechazarla puede ser la diferencia entre la estabilidad (no siempre positiva) y el cambio.
La visibilización. Es importante visibilizar este tipo de situaciones y atenderlas, para que la calidad de vida de las personas mejore. Vivir bajo esta sombra es complicado y no permite disfrutar la vida completamente, porque siempre encuentra un motivo para hacerte sentir mal.

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