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Flora


Tlacuache Urbano

Los hombres me cotejan 

con las flores a las que doy vida,

como si solo cobraran importancia

cuando les arrebatan la vida

 y las obsequian. 

Su vanidad les impide aceptar que 

algo tan bello y natural

no pudiera ser producto de ellos.

Pese al gran ingenio que ostentan tener,

aquello que crean está siempre 

destinado a destruir la vida.

Se jactan de ser “civilizados”, pero 

olvidan que sin la bondad de Prometeo,

aún vivirían en las cuevas y se arrastrarían 

en la miseria. Padecerían por el frío y

serían devorados por las “bestias” 

y su propia raza.

 

Me desestiman a mí, 

la progenitora de todas las flores,

creadora de los pétalos

de rosa y violeta que según 

Lampridio extinguieron el aliento

de los invitados del banquete de Heliogábalo.

A mí, una de las diosas de la fertilidad

y de la primavera, estación a la que se 

le dedican las Floralias,

fiestas celebradas en mi nombre

que solo buscan satisfacer 

los placeres mundanos 

de los hombres mortales.


Donde las mujeres son 

despojadas de su humanidad:

las prostitutas, esclavas relegadas del Imperio 

en su mayoría, bailan y pelean desnudas,

mientras los desgraciados animales son 

sacrificados en nombre de los dioses.

Los humanos desdeñan las formas

de vida que consideran inferiores. 

El antropocentrismo se nutre de 

la naturaleza, al mismo tiempo que la extingue.

 

Pese a que alimento a los hombres 

con los frutos y granos que brotan

cuando los campos florecen, 

aunque la miel y las semillas a ellos ofrecí,

me deseaban por mi belleza y virginidad: 

ante sus ojos soy un objeto que satisface 

sus necesidades terrenas.

He sido relegada a la satisfacción y servidumbre,

víctima del abuso y la violación.


Céfiro, el viento del oeste,

a quien ahora llaman mi esposo,

me secuestró, creyó que podía 

poseerme y despojarme de mi libertad.

Cuando aún era una ninfa me vio paseando 

jubilosa por el campo durante la primavera.

De inmediato advertí sus maliciosas

intenciones y procuré escapar, 

pero él era más fuerte y veloz.

 

Su hermano Bóreas, el viento del norte,

como si tuviera la facultad de 

decidir sobre mi propia vida,  

le otorgó el derecho de retenerme

y en seguida nos casamos.

Para compensar sus ofensas me fue otorgado

el reino de las flores, campos y jardines.

Aquel lugar de la eterna primavera, 

en donde los hombres aseguran que soy feliz,

no solo resucitan las flores diariamente, 

también es la reafirmación de mi cautiverio;

galardón de la vanidad y arrogancia de Céfiro,

prisión que me marchita y esclaviza.


Además del abuso del que fue víctima, relatado por Ovidio en Fastos, Flora ha sido representada pictóricamente como una diosa sensual; pareciera que su rapto intenta ser justificado por su gran atractivo. No son pocas las obras en las que aparece con escotes profundos o con los senos al descubierto, indicio de que en el imaginario histórico se asentó como una figura que merecía admiración únicamente por su atractivo sexual. A continuación se muestran algunos ejemplos:


Sandro Botticelli - La nascita di Venere - Google Art Project - edited.jpg

Botticelli (hacia 1485). El nacimiento de Venus. Flora se encuentra en la parte izquierda de la composición, acompañada por Céfiro.

Foto: Google Art Project.


File:Flora, por Tiziano.jpg
Tiziano (1515-1517). Flora.
Foto: Uffizi.

Franceso Melzi (cerca de 1520). Flora.
Foto: The State Hermitage Museum.

Rubens (hacia 1625). La diosa Flora.
Foto: Museo del Prado.

Carlo Maratti y colaborador (1660-1690). La diosa Flora.
Foto: Museo del Prado.

Maratti y colaborador (Segunda mitad del Siglo XVII). La diosa Flora.
Foto: Museo del Prado.

Adriaen Van der Werff (1696). Flora con querubines esparciendo flores.
Foto: Museumslandschaft Hessen Kassel.

Luca Giordano & Andrea Belverde (hacia 1697). La diosa Flora.
Foto: Museo del Prado.

Alexander Roslin (Siglo XVIII). Flora.
Foto: Museo de Bordeaux.

Jean-Marc Nattier (1742). Madame Henriette como Flora.
Foto: Corel Professional Photos CD-ROM.

William-Adolphe Bouguereau (1875). Flora y Céfiro.
Foto: Desconocido.

Louise Abbéma (1913). Flora.
Foto: Colección privada.

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