Nuestra generación, la de los nacidos entre 1995 y el año 2000[1], ha sido nombrada de diferentes maneras: generación z, postmilenials, centenials, generación de cristal… Este último encuentra su sustento en la supuesta “fragilidad” que poseemos y parte de tres supuestos, principalmente: 1) el acelerado desarrollo tecnológico y los grandes volúmenes de información a los que tenemos acceso provocan en nosotros vulnerabilidad e inestabilidad. En consecuencia, nuestras relaciones y acciones son caracterizadas por la fugacidad y el cambio constante (algo como la modernidad líquida de Bauman).
2) La sobreprotección de nuestros padres ha ocasionado que no valoremos lo que tenemos, nos frustremos fácilmente ante el fracaso y desafiemos la autoridad de las instituciones políticas y sociales (la familia, la iglesia, la escuela, etc.). 3) Somos hipersensibles y nos ofendemos por todo. El humor “negro” (misógino, homofóbico, clasista, racista) es gracioso, deberíamos reírnos de él porque es solo eso: humor. No daña a nadie, al contrario, satiriza la realidad y nos hace más fuertes.
Sobre el primer argumento es complicado llegar a un balance: todos los que tenemos acceso a las nuevas tecnologías –no podemos olvidar que la brecha digital a nivel mundial aún es muy grande– estamos inmersos en un mar de información que acapara nuestra limitada atención, no es una cuestión que compete únicamente a los jóvenes. Ya sea a través de las cadenas de Whatsapp, la información –verdadera o no– de Facebook o Twitter, los noticiarios disponibles las 24 horas del día, junto con muchos otros medios y canales de información, siempre estamos recibiendo información.
El segundo es muy reduccionista, pues se enfoca en las clases medias y altas, en un sector de la población con un gran privilegio. De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2018 solo 21.9% de la población (27.4 millones de personas) vivía en condiciones de no pobreza y no vulnerabilidad; 29.3% (36.7 millones) era población vulnerable por carencias sociales; 6.9% (8.6 millones) población vulnerable por ingresos; 7.4% (9.3 millones de personas) se encontraba en una situación de pobreza extrema y 41.9% (52.4 millones) en situación de pobreza.
Huffman y Nájera identifican que en 2018, aproximadamente 21 millones de personas vivían en condiciones de pobreza extrema por ingresos, cifra que creció hasta 28 millones[2]en mayo de 2020, a causa de la pandemia. Aún es necesario esperar para tener un diagnóstico final sobre las repercusiones económicas de la pandemia, se prevé que para este año el CONEVAL de a conocer la información detallada.
Desafortunadamente, problemas como la explotación infantil, el desempleo, la escasez de bienes y servicios, la desigualdad económica, la discriminación, entre otros, prevalecen –al menos en México–. Afirmar que todos los jóvenes en la actualidad están sobreprotegidas y que pueden conseguir todo con facilidad es una falacia, pues olvida a las personas que enfrentan carencias no solo económicas, también sociales, afectivas, culturales…
Sobre el tercero, los fundamentos clasistas, racistas, machistas y misóginos del humor fueron normalizados por las generaciones anteriores. Consideran que solo son chistes y no necesitan un cambio, pero el humor puede ser ofensivo porque a través de él se construye una percepción del mundo que refuerza los prejuicios de la sociedad.
Reconozco, no sin vergüenza, que también he realizado comentarios en los que me burlaba de las personas considerando que era humor, sin embargo, con el paso del tiempo noté que este tipo de comentarios verdaderamente lastiman y afectan a las personas, reconozco mi error y dejé de hacerlo. Además, normalizan y refuerzan la violencia, las ofensas y agresiones. Es algo tan cotidiano que a veces ignoramos las consecuencias que esto puede tener, no es suficiente reconocerlo, también hay que trabajar diariamente para evitar hacer “chistes” o comentarios que sean peyorativos.
Para las personas mayores podría ser más fácil identificar a una generación como demasiado blanda, antes de reconocer los daños que causan y modificar sus conductas. Hasta cierto punto es entendible, mas no justificable. Nosotros nos hemos desarrollado en condiciones más progresistas: antes lo normal era criar a los hijos con golpes; oprimir, violentar y humillar a las mujeres; discriminar a las personas con orígenes y capacidades diferentes; despreciar a las personas con identidades de género y preferencias sexuales diversas, etc. Si bien aún nos enfrentamos antes estos problemas, considero que hay una mayor conciencia sobre sus repercusiones negativas y en consecuencia se busca un cambio.
La fragilidad es una cuestión de perspectiva: las personas mayores se incomodan por acciones y movimiento sociales que buscan dignificar las condiciones de vida de los grupos vulnerables. Las marchas feministas y del orgullo, expresiones de género fluido, la lucha contra el racismo y clasismo, atentan contra los sistemas de creencias difundidos en la sociedad. Ese cuestionamiento es percibido como un ataque y se externa a través de la agresión.
Considero que no se trata de una lucha generacional entre boomers y la generación z –más las otras generaciones que existen–. Tal vez el comprender por qué cada generación se comporta de una manera determinada ayudaría a la construcción de una relación de respeto mutuo. La observación, aceptación, comprensión, empatía y tolerancia serán útiles para superar la disputa intergeneracional que remarca las deficiencias de cada uno violentamente. Es un largo camino por recorrer y conlleva un proceso de deconstrucción complejo, pero la puerta está abierta. Sin embargo, creo que aún se necesita mucho tiempo y trabajo para cada generación incorpore a sí misma las bondades de las otras, y supriman las conductas que laceran nuestra sociedad.
Comentario final: hablar de una generación es tan complejo como cada una de las personas que la conforman. ¿Cómo es posible generalizar el comportamiento de todos los individuos que nacieron en un periodo determinado, en un molde inmutable que dicta su actuar? Considero que las generaciones podrían ser vistas como tipos ideales que presuponen conductas homogeneizadas, pero que no las determinan.
Referencias:
· CONEVAL. POBREZA EN MÉXICO. Resultados de pobreza en México 2018 a nivel nacional y por entidades federativas [en línea]. Consultado en https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/PobrezaInicio.aspx el 24 de febrero de 2021.
· Huffman, C. y Nájera, H. Estimación del costo de eliminar la pobreza extrema por ingreso en México, en tiempos del COVID [en línea]. Consultado en http://www.pued.unam.mx/export/sites/default/archivos/covid/DocTecnico.pdf el 24 de febrero de 2021.
[1] Este periodo aún no está bien definido y podrían encontrarse algunas variaciones. Para algunos comprende de 1997 a 2012, para otros termina en la primera mitad de la década del 2000.
[2] Este resultado fue obtenido considerando el ingreso laboral ajustado por el índice general de precios al consumidor.
“En mayo de 2020, la caída de los ingresos a causa de la crisis económica desatada por la pandemia, eleva la incidencia de la pobreza monetaria extrema a 22%, cifra que equivale a 28 millones de personas. Y si se toma en cuenta el aumento de los inactivos dispuestos a trabajar, pero desalentados por la situación económica general, la incidencia de la pobreza extrema asciende a 25% que se traduce en 32 millones de personas.” (Huffman y Nájera, p. 8).
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