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Cuatro enseñanzas breves de Schoenberg sobre la estética


Tlacuache Urbano

Arnold Schoenberg fue un compositor, pintor y teórico musical nacido en Viena en 1874, en el seno de una familia de origen judío. En 1940 obtuvo la ciudadanía estadounidense, en Estados Unidos completó varios trabajos musicales y  se dedicó a la docencia en algunas universidades prestigiadas. Sus ideas revolucionarias sobre la música lo convirtieron en el blanco de diversas críticas.


Schoenberg es considerado por algunos como el precursor de la música atonal, un tipo de música que se distanciaba del canon establecido desde hace varios siglos. Fundó el dodecafonismo, una técnica de composición que iba más allá de los 7 tonos impuestos por la música tradicional (do, re, mi, fa, sol, la, si). 


Las lecciones aquí reunidas son ideas que Schoenberg aporta en su Tratado de armonía. Si bien en el libro estas observaciones son realizadas de forma periférica, dado que trabaja primordialmente sobre la teoría musical, con una crítica perspicaz impugna los preceptos impuestos por la estética en la concepción del arte y la enseñanza del mismo.

  • Primera enseñanza: no desvalorar las obras del pasado.

Schoenberg advierte que las obras producidas en el pasado podrían ser consideradas ante la mirada punzante de la estética como obras inferiores por contener elementos "inadecuados", recordatorios de nuestros orígenes primitivos. 


“… la música popular contiene, junto a los resultados de su propia evolución, elementos arcaicos que en otro tiempo fueron usuales. Habría que revisar sus vulgaridades y trivialidades. Se vería entonces que la mayor parte de ellas no son “vulgaridades”, sino en desuso y anticuados." (Schoenberg, 1974, p. 48).


En este momento se concentra en la música, pero como veremos más adelante, son principios que se pueden trasladar a todo el dominio del arte.


  • Segunda enseñanza: conocer lo pasado para entender el presente.  

 

Todo vestigio resultante del arte primitivo no debería ser motivo de vergüenza o pesar, pues solo a partir de la comparación entre los diferentes trabajos que se han realizado a lo largo de la historia de la humanidad, podremos advertir cuál ha sido el camino que ha recorrido el arte. 


Desde la Cueva de Altamira hasta los post de Instagram, diferentes factores han influido en la producción artística, dada esa distancia temporal y contextual,  hay que observar el pasado solo para comprender de qué manera llegamos a lo que hoy es socialmente comprendido como arte.


“Las formulaciones demasiado rígidas pueden llegar a estrangular la evolución y a perturbar la visión del pasado haciendo incomprensible lo que en otro tiempo fue vivo.” (Ibíd., p. 74). Y esto nos conduce a la siguiente lección.

 

  • Tercera enseñanza: no imponer leyes al arte. 

 

“[La teoría del arte] No quiere ser sólo una búsqueda para encontrar leyes: afirma haber encontrado leyes eternas1.” (Ibíd., p. 2). En consecuencia, lo que no es producido según las reglas impuestas, es antiartístico. No obstante, el encontrar leyes eternas es algo muy complicado para Schoenberg, incluso, si fuera posible tal empresa, no serían leyes aplicables para momentos futuros de la historia del arte.

 

“… la Estética no prescribe leyes de belleza, sino sólo procura deducir su existencia de las obras de arte.” (Ibíd., p. 3). Cuando se impone una ley al arte, el valor del producto final se reduce a el cumplimiento o incumplimiento de estas reglas.

  • Cuarta enseñanza: no encasillarse en el «presente» y aceptar las nuevas formas de producción artística que surjan. 

Muchas de las críticas que constantemente se realizan sobre el arte se articulan en torno a la precarización del mismo. Antes de proseguir es importante señalar algo aparentemente obvio aquí, pero que merece ser discutido: la relatividad del presente dificulta un poco las cosas.


Cuando Schoenberg escribía la primera edición de su tratado (1911), en el «presente» acontecía una discusión sobre el posible futuro del arte. La pintura transitaba hacia lo abstracto y la música a la atonalidad. 


La "buena música" era la música tonal, es decir, la que apareció del barroco hasta el posromanticismo2, la que hoy conocemos como música clásica. Después la música instrumental se diversificó y comenzaron a aparecer nuevos géneros musicales. 


Decir que la música de Beethoven es mejor que la de Bad Bunny es un despropósito; no porque una sea superior a la otro, sino porque pertenecen a épocas diferentes y han surgido de necesidades musicales distintas que no se pueden comparar. Cuando Beethoven vivía lo común era componer música clásica, era lo que la tradición exigía. 


Ahora bien, ello  no implica que demeritemos el "genio" de Beethoven o aceptemos cualquier cosa como arte. Solo hay que tener en consideración que las sociedades cambian a lo largo del tiempo y el arte no puede escapar de este cambio.


Durante la Edad Media el arte clásico griego y romano eran considerados como una aberración. Contenía dioses paganos y motivaba el libertinaje (desde la perspectiva del cristianismo). Después, en el renacimiento volvió a ser considerado como un modelo a seguir.


Regresando a la idea del presente, lo único que sobra decir es que tal cosa no existe. Podemos tomar un tiempo de referencia efectivo y denominarlo como presente (el siglo XXI, el año 2020, el mes de octubre de 2020, etc.) y a partir de él realizar las comparaciones, sin embargo, esto no nos llevará a ninguna parte. 


Hay que aceptar el cambio sin temor, pero con una actitud crítica, eso sí. Ninguna forma de arte es superior o inferior a la de épocas anteriores, simplemente se producen a partir de nuevas ideologías, necesidades nacionales, culturales, económicas, internacionales, etc. Por desgracia, casi siempre las de las élites.


Referencia:

Schoenberg, A. (1974). Tratado de armonía. España: Real Musical Editores.



Las cursivas son mías.

Este último generó resistencia porque comenzaba a cuestionar los principios inamovibles de la composición musical.

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