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La voz de una líder

Tlaui-Cólotl Xoxotla

Las técnicas son del arte marcial y
el arte marcial es de la humanidad, digamos.
Itzel Bazúa

A lo largo de la historia de la humanidad, diferentes artes marciales se han manifestado en la cumbre del poderío físico. Desde Grecia hasta la conformación estricta de una sociedad capitalista, las artes marciales se han modelado, quizá deformando su exhibición, pero no su esencia. 

Además, la exigencia de las mismas han demostrado que no es ningún terreno de absurda fuerza o de insignificante dedicación. Las artes marciales son el recinto, el ápice, de la contemplación para todas las facultades que el cuerpo del ser humano es capaz de demostrar.

La existencia de las artes marciales se relaciona directamente con la posibilidad de que cualquier persona en el mundo tenga la decisión de hacerse con ellas, aunque, claro no es decisión sencilla y mucho menos banal. Es una decisión contundente porque como dice Itzel bazúa: “El arte marcial es, pues, la manera en que la gente se cultiva todos los días física, intelectual y espiritualmente, para defender su causa.”

Itzel Bazúa, jiujitera con cintillo negro (siendo la primera mujer con este honorario en Méxco), platicó cómo el arte marcial, Jiu-Jitsu Brasileño, es percibido por ella. La manera tan poética de describirlo garantiza que las artes marciales son eso: artes corporales en presencia y acompañamiento de alguna otra persona dispuesta a rifarse.   

“Principalmente, creo que un buen artista marcial entiende que para mejorar hay que incorporar al otro; entiende que hay que agradecer la presencia del otro. Tú sabes que la presencia del otro es valiosísima porque gracias a él tú mejoras; sabes que tú le estás aportando algo, porque gracias a ti él mejora.”


Ella es un ícono de la academia Zenith en México y, sin lugar, a dudas de este recinto llamado tatami. Todas las personas a quienes ella guía son un reflejo simbólico de su trayectoria, ella creció en la danza contemporánea, pero por oportunidad a lo nuevo llegó a las artes marciales. Claro, fue una cosa de tiempo, nada de inmediato:  

“Mucha gente me decía: La primera vez que entrené Jiu-Jitsu ya me enamoré por siempre. Yo no, me tardé muchos años, ya cerca de la cinta morada —o sea, para hacer el cambio de la azul a la morada— fue que me empecé a clavar más en el Jiu-Jitsu. Antes nada más era: Tengo que hacer actividad física y ahí está bien.”

Hay muchas situaciones dentro de las artes marciales que pueden, a cualquier persona, detener o retener el paso. No por el hecho de que sea minado, sino porque las circunstancias se ligan, se fusionan, con ciertas condiciones. A pesar de ello, la sensei deja claro en su caso la presencia de su terquedad: “Yo creo que fue un poquito mi terquedad o mi… ese algo que es de mi esencia”    

Es que, “Cuando empecé hacer Jiu-Jitsu más en serio, mi gran reto fue que no sabía cuándo yo tenía que detenerme.” Sin embargo, parte de esa resiliencia han motivado que Itzel alcance grandes triunfos y también rotundas lesiones; “Yo llegué a competir en un mundial a un mes de estar operada, cuando se supone que no debía haberlo hecho.”

El Jiu-Jitsu es una acción que guía y construye mucho, pero también resulta inverso, como ya se apuntó en el párrafo anterior. Es necesario resaltar que las artes marciales son ambivalentes porque se construyen desde el sí mismo (Tori) y su relación con el otro (Uke). 

“Cuando la gente practica el arte marcial se enfrenta consigo mismo. Cuando tú haces artes marciales, te enfrentas contigo mismo, de verdad. Ves todas tus limitaciones, todas tus virtudes y la única manera de poder avanzar en el arte marcial que practicas es enfrentarte con eso.”

Muchas veces, las artes marciales, son señaladas con un dedo que no consiente el acto de enfrentar a una persona con otra; sin embargo, no es estrictamente un enfrentamiento, porque no van a desquitarse, no van a vengarse (o al menos, no es en el mayor de los casos éste el motivo). Las artes marciales también pueden ofrecer un crecimiento externo. Lo que se hace en el tatami guía las acciones fuera del tatami:    

“Nuestra causa, pues realmente es: crecer juntos, para la sociedad, el grupo en el que estamos, la humanidad, porque somos un grupo de personas que buscamos ser congruentes, nos apoyamos unos entre otros y vivir una vida feliz. Realmente de eso se trata.” 

El Jiu-Jitsu permite y esclarece la acción de la persona, es un director de obra de teatro que permite entrever las relaciones apropiadas en que las personas podrían construirse: es decir, es un arte marcial que no pretende juzgar ⎯es más, ningún arte marcial pretende juzgar, sino incluir⎯. Por otra parte, el ejercicio introspectivo es fuerte y dinámico que pretende definir objetivos claros y determinantes; aunque, cualquiera se puede perder en el camino, por eso una sensei que desde sí permite esta reflexión asegura a quienes le siguen con tanta confianza.  

“Lo primero que hace el Jiu-Jitsu es hacerte responsable de ti mismo; aprendes a estar tranquilo en situaciones de estrés; aprendes a manejar tus frustraciones y todo ese tipo de cosas; aprendes a tomar decisiones de vida para tu favor, para estar feliz, para estar tranquilo; aprendes a vivir una vida, pues más saludable porque el arte marcial te invita.”


Finalmente, la inclusión de las artes marciales a la sociedad, es parcial y con un enfoque resolutivo en contra de la violencia cotidiana; sin embargo, esto  a veces puede mostrarse contrario, puede promover escenarios de peligro o frustrar los mismos: 

“Por ejemplo, ahorita está muy de moda los cursos de defensa personal: estoy súper en contra de eso porque no le estás enseñando nada a las chavas. Van y entrenan ocho horas y aprenden tres cositas que lo único que van a tener como consecuencia es que el chavo que las iba asaltar no sólo las asalte, además las golpee, o el chavo que las iba golpear, las ágreda más. Realmente, con ocho horas no te capacitas para nada. Yo tengo más de diez años entrenando y no podría zafarme de un asalto si hay armas.”


Empero, hay una propuesta apremiante por parte de la sensei; 

“las artes marciales no te salvan de nada, pero te sacan del perfil de víctima: una mujer que entrena artes marciales camina, se mueve, habla, todo diferente que una chica que no.” 

Las artes marciales no son definitivas para enfrentarse en enfrentamientos callejeros, son un medio para conocer con qué capacidad te vas a enfrentar al mundo.


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