En el salón sonríes con las zapatillas
que dibujan rutinas claras y precisas
sobre la duela cobriza. Tu llanto, Bailarina,
sobre la duela cobriza. Tu llanto, Bailarina,
queda ilustrado en tu mejilla,
tu lamento deslumbra el auditorio:
hoy fuiste Julieta, ayer Dulcinea,
mañana… volverás al silencio de tu ensayo.
tu lamento deslumbra el auditorio:
hoy fuiste Julieta, ayer Dulcinea,
mañana… volverás al silencio de tu ensayo.
¡Oye, Bailarina! Quiero lleves mis aplausos
y petrifiques tu silueta; haz crujir la duela,
haz que duela el corazón.
y petrifiques tu silueta; haz crujir la duela,
haz que duela el corazón.
Bailarina, haz lo que quieras con tus zapatillas:
masacra las risas, los aplausos, los asientos vacíos, las críticas.
Bailarina, enséñanos tus dedos lastimados,
tus ensayos de terna repetición.
No hay rutina sencilla, ni personas
tan persistentes en una acción.
tan persistentes en una acción.
¡Bailarina! Ignóranos, no sabemos nada.
Sólo cierra el telón y déjanos llorar…
llorar tu pasión.
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